Desde la aparición del sildenafil, ampliamente conocido como Viagra, podría decirse que la relación sexual desde la óptica masculina sufrió un cambio radical. La presión de sentir que todo el encuentro sexual dependiese de lograr (sin saber muchas veces cómo) una erección en forma rápida y duradera fue liberada por la mágica pastillita azul, que tomándola una hora antes del encuentro aseguraría el éxito.
¿Pero qué pasa con las mujeres de estos hombres “habitué” del fármaco? Comentarios diversos se escuchan en el consultorio o simplemente en encuentros entre amigas:
– Si necesita tomarlo es porque ya no le gusto, porque se aburre conmigo.
– Tengo miedo que le pase “algo” si lo toma.
– Qué suerte que lo toma, ¡así no tengo que “trabajar” tanto!
– Él tiene su pastillita, ¿y yo qué tomo?
¿Por qué sensaciones tan diferentes? ¿Por qué para algunas mujeres ha resultado la solución ideal mientras que otras lo viven como una ofensa personal? Quizás la respuesta a estos interrogantes está en empezar a clarificar para qué tenemos relaciones sexuales; no como especie, sino con una mirada individual, personal. ¿Cuál es el valor que le damos a la sexualidad dentro de la pareja y en la propia historia?
La relación sexual dejó de ser algo puramente instintivo en el ser humano (¿alguna vez lo fue?). Ese instinto biológico va a estar modificado y moldeado por experiencias previas, por mandatos familiares y sociales y por supuesto por la pareja actual. Por ello existen mujeres para quienes la relación sexual implica la forma más importante de reafirmación de lo que su pareja siente por ella. Para ellas, si el problema de la disfunción eréctil no es de causa orgánica, si no tiene ninguna enfermedad que pueda justificar el problema de erección, entonces la única explicación posible será que su pareja ha perdido el interés en ella. El sildenafil será, entonces, la prueba irrefutable de ello.
Para otras mujeres, la relación sexual puede ser un medio para un sinfín de motivaciones: no estar sola, ser madre… También puede ser sólo parte del “combo” de la relación de pareja: “Si lo quiero debo tener relaciones sexuales”. Para ellas es difícil relacionar los encuentros sexuales con el placer, la disfunción del varón es vivida como un alivio y el uso del Viagra puede ser boicoteado.
El encuentro sexual puede ser definido de muchas maneras, pero básicamente es una forma de comunicarse con el otro, de expresar lo que uno siente, lo que uno quiere y/o le gusta y la forma de hacerlo es a través del cuerpo. Es una experiencia emocional y corporal. Pero en ocasiones el cuerpo no puede transmitir lo que uno quiere expresar ya sea por miedo, ansiedad, estrés o simplemente por el paso del tiempo. El sildenafil no modifica los sentimientos hacia la pareja, sino que facilita su consecuencia corporal.
Es en este contexto donde el Viagra se transforma en un aliado no ya del hombre sino también de la mujer, que siente importante conservar y defender estos espacios de intimidad enriquecedores para la pareja.

Dra. Lucila Martin Moreyra
Ginecóloga – Sexología Clínica
Jefa de la Sección de Disfunciones Sexuales
del servicio de Ginecología del Hospital de Clínicas “José de San Martín”